Georgia y Armenia (I)2026 |
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| CRÓNICA GEORGIA | CRÓNICA ARMENIA (Parte I) |
| Día 5 de mayo |
| El salto de Georgia a Armenia |
Nuestro último día en Georgia comenzó a las seis de la mañana. El objetivo era aprovechar las primeras horas para visitar el bosque de Didgori, donde todavía nos quedaba una especie muy deseada: el Trepador de Krüper. Situado en las montañas al oeste de Tiflis, este bosque está formado por extensos pinares salpicados de claros y pequeñas vaguadas, un hábitat ideal para varias especies forestales del Cáucaso y uno de los mejores lugares de Georgia para localizar este escaso trepador. Nada más bajar del coche, un Picamaderos negro (Dryocopus martius) cruzó fugazmente el pinar, aunque desapareció entre los árboles antes de que pudiéramos volver a localizarlo. Poco después llegó el momento que esperábamos: los primeros Trepadores de Krüper (Sitta krueperi) aparecieron entre las copas de los pinos y pudimos disfrutar de dos o tres ejemplares durante un buen rato. La espesa niebla que cubría el bosque y la altura a la que se movían hicieron que las fotografías no fueran sencillas, pero la observación compensó con creces el madrugón. Curiosamente, tras algo más de media hora desaparecieron por completo y, pese a seguir buscándolos, no volvimos a ver ninguno. Otra agradable sorpresa del bosque fueron varios Mosquiteros del Cáucaso (Phylloscopus lorenzii), mucho más confiados, que se dejaron observar y fotografiar con relativa facilidad. Antes de abandonar Didgori aún tuvimos tiempo de ve Bisbita arbóreo (Anthus trivialis), Pico mediano (Dendrocoptes medius), Agateador euroasiático (Certhia familiaris), Carbonero garrapinos (Periparus ater), Arrendajo euroasiático (Garrulus glandarius) y otras especies típicas de estos bosques de coníferas. Con el último objetivo georgiano ya cumplido, emprendimos camino hacia el aeropuerto de Tiflis. Llegamos con tiempo suficiente para facturar el equipaje y, a las 13:15, despegábamos rumbo a Ereván, donde comenzaría la segunda parte del viaje. A nuestra llegada a Armenia nos esperaba el transporte del apartahotel donde nos alojaríamos durante la primera noche. Tras dejar el equipaje, aprovechamos para comer en un restaurante cercano y, como todavía disponíamos de toda la tarde libre, pedimos que nos acercaran al lago Yerevan, una amplia zona húmeda situada en las afueras de la capital que constituye un excelente refugio para aves acuáticas y migradoras. Las dos horas y media que pasamos allí resultaron muy entretenidas. Entre las especies más destacadas observamos Cormorán pigmeo (Microcarbo pygmaeus), Somormujo lavanco (Podiceps cristatus), Cormorán grande (Phalacrocorax carbo), Carricero tordal (Acrocephalus arundinaceus), Gaviota armenia (Larus armenicus), Gaviota del Caspio (Larus cachinnans) y varios Abejeros europeos (Pernis apivorus) que sobrevolaron la laguna aprovechando las corrientes térmicas de la tarde en su paso migratorio. Ya con el cansancio acumulado de la jornada, regresamos al alojamiento. Antes hicimos una parada para comprar algo de cena y comer tranquilamente en el apartahotel. Al día siguiente nos esperaba Manuk, el guía que nos acompañaría durante toda nuestra estancia en Armenia, así que tocaba acostarse pronto para comenzar con fuerzas una nueva etapa del viaje. |
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| Día 6 de mayo |
| Armash fish y Vedi gorge: el gran estreno armenio |
Nuestro primer día completo en Armenia reunía dos de los lugares más esperados del viaje. Por la mañana visitaríamos Armash fish ponds, considerado el mejor enclave del país para la observación de aves, mientras que por la tarde recorreríamos Vedi gorge, una garganta esteparia donde esperábamos localizar algunas de las especies más emblemáticas del Cáucaso. Además, era el primer día junto a Manuk, el guía que nos acompañaría durante el resto de nuestra estancia en Armenia y que desde el primer momento demostró conocer a la perfección cada rincón del país. Tras un desayuno rápido en el alojamiento, un café acompañado de unas galletas que habíamos comprado el día anterior, nos reunimos con él a las 7:30 y emprendimos camino hacia el sur. Nuestro destino era Armash fish ponds, un inmenso complejo de lagunas de piscifactoría, carrizales y zonas húmedas situado junto a la frontera con Turquía y Azerbayan. Gracias a la gran variedad de hábitats que alberga y a su ubicación en una importante ruta migratoria entre Europa, Asia y África, está considerado uno de los mejores lugares del Cáucaso para la observación de aves. Nada más comenzar el recorrido comprendimos el porqué de su fama. Las aves aparecían por todas partes y era imposible abarcar todo lo que sucedía a nuestro alrededor. Mientras observábamos unas especies, otras levantaban el vuelo desde los carrizales o se dejaban ver en la siguiente laguna. Entre las observaciones más destacadas de la mañana estuvieron Avefría coliblanca (Vanellus leucurus), Terrera pálida (Alaudala heinei), Abejaruco persa (Merops persicus), Avefría espinosa (Vanellus spinosus), Mochuelo europeo (Athene noctua), Archibebe oscuro (Tringa erythropus), Fumarel aliblanco (Chlidonias leucopterus) Carricero agricola (Acrocephalus agricola), Alcaudón chico (Lanius minor), Cormorán pigmeo (Microcarbo pygmaeus) y la elegante Curruca de Ménétries (Curruca mystacea). A ellas se unieron otras especies poco habituales para nosotros, como Archibebe oscuro (Tringa erythropus) luciendo un espectacular plumaje nupcial, varios Bigotudos (Panurus biarmicus), Combatientes (Calidris pugnax), Porrón pardo (Aythya nyroca), etc. Pero, si hubo una imagen que resumió la riqueza natural de Armash, fue la de una Cigüeña blanca (Ciconia ciconia) sosteniendo una gran culebra en el pico antes de engullirla. Son esas escenas espontáneas de vida salvaje las que terminan convirtiéndose en algunos de los mejores recuerdos de cualquier viaje. Después de semejante atracón de aves hicimos una parada para comer en el cercano pueblo de Urtsadzor. Apenas terminamos, continuamos hacia nuestro siguiente destino, donde el paisaje cambiaba radicalmente. Vedi gorge es una garganta excavada entre colinas áridas y laderas rocosas al pie de las montañas de Khosrov. El contraste con los humedales de Armash era absoluto: roca, matorral y barrancos sustituían a las lagunas, ofreciendo un hábitat perfecto para numerosas especies esteparias y rupícolas. Nada más comenzar el recorrido llegó uno de los momentos más esperados del viaje. Sobre un arbusto apareció un magnífico macho de Escribano cabecigrís (Emberiza buchanani), que suponía mi segundo bimbo del día. Pudimos disfrutar de él durante varios minutos mientras permanecía saltaba por diferentes posaderos cantando, dejándonos contemplar una de las especies más elegantes de toda la región. La tarde continuó ofreciendo excelentes observaciones de TBusarrepador rupestre oriental (Sitta tephronota), Escribano cabecinegro (Emberiza melanocephala), CBusarollalba de Finsch (Oenanthe finschii), Collalba rubia oriental (Oenanthe melanoleuca) y CBusarollalba isabel (Oenanthe isabellina), completando una magnífica representación de las aves características de este ambiente seco y montañoso. Cuando ya regresábamos al coche, Manuk nos contó un detalle que hizo que todos observáramos aquellas montañas con otros ojos. Nos explicó que Vedi gorge forma parte del territorio donde aún sobrevive una pequeña población de Leopardo persa (Panthera pardus tulliana), uno de los felinos más amenazados del planeta. En estas mismas montañas también habitan lobos (Canis lupus) y Chacales dorados (Canis aureus), aunque su carácter esquivo hace que muy pocas personas lleguen a verlos. Aun así, resultó emocionante caminar por un lugar donde todavía es posible imaginar la presencia de estos grandes depredadores. Con las últimas luces del día abandonamos Vedi Gorge para dirigirnos a cenar a un restaurante de la zona. Poco después llegamos a nuestro alojamiento en Urtsadzor, el Village jazz, poniendo punto final a una jornada difícil de olvidar. Si Georgia nos había recibido con la espectacularidad del Gran Cáucaso, Armenia nos daba la bienvenida con dos escenarios completamente distintos pero igualmente fascinantes. Armash nos conquistó por la extraordinaria abundancia de aves y Vedi Gorge por la belleza de sus paisajes y la sensación de estar recorriendo uno de los últimos refugios de la gran fauna del Cáucaso. Sin duda, era el mejor comienzo posible para nuestra aventura armenia. |
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Carricero agrícola |
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| Día 3 de mayo |
| El esquinazo del camachuelo |
A las 5:30 volvió a sonar el despertador. Después de dos días de intentos, el Camachuelo grande seguía siendo nuestra principal preocupación. Como ya era costumbre, bajamos al comedor del Ketino’s Home y encontramos el desayuno preparado pese a lo temprano de la hora. Media hora después ya estábamos de nuevo en las laderas pedregosas donde del este de Stepantsminda, donde se les había visto las últimas veces a estos pájaros, según ebird. Nada más llegar nos repartimos para cubrir más terreno. La estrategia dio resultado cuando Manolo y yo levantamos un ejemplar que se encontraba alimentándose en el suelo. El ave se posó brevemente en un árbol cercano; Manolo consiguió fotografiarlo y yo apenas pude verlo unos segundos con los prismáticos antes de que desapareciera entre los espinos para no volver a verlo más. ¡¡¡A qué poquito me supo ese avistamiento!!! La mañana cambió de rumbo cuando José Márquez y Sergio nos avisaron por WhatsApp de que estaban viendo un Perdigallo caucasiano (Tetraogallus caucasicus) en las laderas del monte Kuro. No lo dudamos y nos dirigimos inmediatamente hacia allí. Al llegar, el ave seguía posada en el mismo risco donde llevaba más de veinte minutos cantando. A través del telescopio la observación fue magnífica y, aunque fotografiarlo resultó complicado por la distancia, disfrutamos enormemente de una de las especies más emblemáticas del Cáucaso. En la zona también observamos Mirlo capiblanco (Turdus torquatus amicorum), Roquero rojo (Monticola saxatilis) y Bisbita alpino (Anthus spinoletta). Mientras buscábamos Pardillos piquigualdos en una ladera cercana, encontré sobre un nevero unas huellas frescas de Oso pardo (Ursus arctos), probablemente de un ejemplar que había pasado por allí durante la noche. Fue inevitable detenerse unos segundos a imaginar al gran plantígrado recorriendo aquellas montañas en la oscuridad. Con la tarea cumplida, regresamos una vez más a la zona del Camachuelo grande (Carpodacus rubicilla), pero tras más de una hora prospectando el terreno, de nuevo no obtuvimos ningún resultado. Para colmo, al abandonar el lugar descubrimos que volvíamos a tener una rueda pinchada, por lo que tocó regresar al mismo taller del día anterior para solucionar nuevamente el problema. Después de comer en un restaurante del centro de Stepantsminda, donde degustamos varios platos tradicionales georgianos realmente sabrosos, dedicamos la tarde a seguir explorando los alrededores. Comenzamos por el monasterio de Gergeti, uno de los lugares más emblemáticos de la región. A esas horas la afluencia de visitantes era enorme y la nieve acumulada impedía avanzar por buena parte de los senderos, aunque todavía pudimos observar Pardillo piquigualdo (Linaria flavirostris), Chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) y Alondra cornuda (Eremophila alpestris). Posteriormente volvimos a Sno Gorge, que se había convertido en uno de nuestros rincones favoritos de Stepantsminda. Allí aparecieron de nuevo Bisbita gorjirrojo (Anthus cervinus) y Lavandera cetrina (Motacilla citreola), además de Curruca zarcerilla (Curruca curruca), Agateador euroasiático (Certhia familiaris), Mito común (Aegithalos caudatus alpinus) y un Andarríos chico (Actitis hypoleucos) alimentándose en la orilla del río. Al más tarde, un precioso Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) pasó volando a baja altura sobre nosotros, mientras los alrededores resonaban con el incesante coro de la Rana macrocnemis (Rana macrocnemis), muy abundante en las zonas húmedas de la garganta. Para terminar la jornada realizamos una última intentona al Camachuelo grande. Sin embargo, una vez más el ave decidió no aparecer. Al menos la espera estuvo amenizada por varios Buitres leonados (Gyps fulvus), un Azor euroasiático (Accipiter gentilis) y un buen grupo de Tur del Cáucaso occidental (Capra caucasica), observados en las laderas más escarpadas de la montaña. Ya sin luz y sin tiempo para más, regresamos por última vez al Ketino’s Home. Una buena ducha, una cena reconfortante y la edición de la lista del día que iba creciendo a pasos acelerados. |
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| Día 4 de mayo |
| Despedida de Stepantsminda, Ananuri forest y descubrimiento de Ponichala reserve |
La mañana comenzó con un último intento para resolver la asignatura pendiente que nos dejaba Stepantsminda. El Camachuelo grande (Carpodacus rubicilla) seguía resistiéndose y todavía nos quedaba una última oportunidad antes de abandonar la zona. Como cada día, desayunamos temprano en el Ketino’s Home y nos dirigimos al mar de espinos donde habíamos invertido tantas horas durante las jornadas anteriores. Sin embargo, tras más de tres horas de búsqueda, el resultado fue el mismo. Ni rastro del camachuelo. Al menos la espera estuvo amenizada por varias observaciones interesantes, entre ellas Gavilán común (Accipiter nisus), Cuco común (Cuculus canorus), Abejaruco europeo (Merops apiaster), Colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus) y Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros). Finalmente asumimos la derrota y decidimos poner rumbo al sur. Había llegado el momento de despedirse de las montañas del Gran Cáucaso. Recogimos las maletas y emprendimos el largo viaje hacia Tiflis. Intentamos hacer una parada en el puerto de Gudauri, pero una combinación de tráfico intenso y una espesa niebla nos obligó a continuar. Desde la ventanilla del coche apenas pudimos distinguir algunas Alondras cornudas (Eremophila alpestris) y una solitaria Collalba gris (Oenanthe oenanthe). La siguiente parada tuvo mucho más éxito. Nos detuvimos en los bosques de Ananuri, una agradable masa forestal dominada por carpes y muy bien conservada. Allí buscábamos dos especies concretas: el Papamoscas semiacollarado (Ficedula semitorquata) y el Papamoscas papirrojo (Ficedula parva). Ambos aparecieron con relativa facilidad y nos brindaron excelentes observaciones. Junto a ellos también vimos Curruca zarcerilla (Curruca curruca), Curruca capirotada (Curruca atricapilla), Mosquitero musical (Phylloscopus trochilus) Trepador azul (Sitta europaea) y otras especies forestales habituales. Aprovechamos además para comer y descansar un rato antes de continuar camino. Por la tarde llegamos a la reserva de Ponichala, situada al sureste de Tiflis. Este espacio protegido está formado por lagunas, carrizales, bosques de ribera y zonas húmedas asociadas al río Mtkvari, constituyendo uno de los enclaves más importantes para las aves acuáticas y migradoras en los alrededores de la capital georgiana. La visita superó ampliamente nuestras expectativas. En pocas horas observamos Pato colorado (Netta rufina), Pico mediano (Dendrocoptes medius), Oropéndola europea (Oriolus oriolus), Carraca europea (Coracias garrulus), Papamoscas papirrojo (Ficedula parva), Estornino pinto (Sturnus vulgaris), Gavilán griego (Accipiter brevipes), Pico sirio (Dendrocopos syriacus) y Pito euroasiático (Picus viridis), Aguilucho lagunero occidental (Circus aeruginosus), además de muchas otras especies difíciles de enumerar. Entre los mamíferos destacó un confiado Coipú (Myocastor coypus), al que observamos acicalándose tranquilamente en la orilla de una de las lagunas. Al terminar la visita, todos coincidimos en la misma reflexión: de haber conocido antes el potencial de Ponichala, probablemente le habríamos dedicado una jornada completa. Había resultado ser uno de los lugares más sorprendentes de Georgia para la observación de aves. Ya de noche llegamos a nuestro nuevo alojamiento, el Kopala Tskneti, situado a pocos kilómetros del destino previsto para la mañana siguiente. Tras una jornada larga de carretera, despedidas y nuevos descubrimientos, una buena cena y una ducha fueron suficientes para caer rendidos en la cama. |
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